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EL DRAMATIZADO RADIAL EN INTERNET: El siempre alegre Marcel

Reglas para escribir dramatizados radiales (Parte 3).

En esta tercera parte de las ideas esquemáticas para los interesados en experimentar la creación literaria dentro de la radio, les comparto las reglas 7, 8 y 9.

Si estuviera interesado en conocer las reglas anteriores por no haberlas leído, aquí tiene las direcciones electrónicas:

Reglas 1, 2 y 3 que comprenden:

¤ Regla 1: La hoja de escritura.

¤ Regla 2: División de la hoja simulada en dos columnas.

¤ Regla 3: Concepto de «línea» en los guiones de libretos radiales.

LAS PUEDE ENCONTRAR EN:

https://escritorandrescasanova.wordpress.com/2026/03/12/el-dramatizado-radial-en-internet-parto-gemelar-reglas-para-escribir-dramatizados-radiales/

Reglas 4, 5 y 6 que comprenden:

¤ Regla 4: Lenguaje de los parlamentos.

¤ Regla 5: La «Dramaturgia del Drama».

¤ Regla 6: El Esquema de Trabajo.

LAS PUEDE ENCONTRAR EN:

https://escritorandrescasanova.wordpress.com/2026/04/12/el-dramatizado-radial-en-internet-fiesta-en-el-barrio-de-los-callejones-profundos/

En la segunda parte de este artículo tiene la información habitual sobre el cuento radial El siempre alegre Marcel.

Regla 7: Diferencias fundamentales entre el cuento radial y el histórico.

1ª El cuento radial es todo ficción. El histórico debe estar basado en la vida real.

2ª El guionista de cuentos radiales crea desde la imaginación suya o adaptando un cuento literario ajeno que es todo ficción. El guionista de libretos históricos si no es un investigador histórico está obligado a basar sus argumentos en bibliografías históricas ajenas.

3ª Los personajes de los guiones de cuentos radiales pueden crearse con entera libertad por pertenecer a la ficción. En los casos de personajes de guiones históricos que evoquen personas reales debe respetarse su historia aceptada en la bibliografía.

4ª Los guiones de cuentos radiales deben respetar la verosimilitud. Los guiones históricos deben respetar la verdad establecida en la bibliografía.

5ª Todos los personajes de los cuentos radiales pertenecen a la ficción. Algunos personajes de los guiones históricos pueden pertenecer a la ficción, pero solo algunos.    

Regla 8: EL ESQUEMA DE TRABAJO SE COMPLEMENTA CON LA DESCRIPCION DE LAS ESCENAS.

La descripción de las escenas es un plan de cada una de las escenas previstas con sus conflictos, acciones y personajes que actúan en esa escena. Cada una de ellas debe contener las siguientes partes:

a) Lugar donde transcurre la escena.

b) Fecha y hora cuando transcurre la escena.

c) Personajes que actúan.

d) Si en la escena describe o no el narrador.

e) Detalles de la escena con acciones y diálogos probables de los personajes. Si en la escena el narrador describe, debe agregarse su participación. Todos estos datos son de manera resumida, pues solo se trata de un plan o una guía para el momento de la redacción.

f) Cantidad de líneas mínima y máxima de la escena que se deben escribir,

Regla 9: Tipo y cantidad de voces en cada guión.

Llamamos tipo de voces en los guiones a las siguientes: voces masculinas, voces femeninas y voces infantiles.

En cuanto a la cantidad de voces de cada tipo, está en dependencia de lo que establezca la ficha técnica del programa para la emisora que usted escriba el guión. Quiere decir: en cuanto a la cantidad de personajes, el guionista no puede escogerlos con absoluta libertad sino respetando la norma que le ponga la emisora.

El narrador radial no es un personaje sino un descriptor o especie de cámara cinematográfica ficticia.

 

 

Evaluación del cuento radial

El siempre alegre Marcel.

Continúo compartiendo con los (probables) lectores cuentos radiales de mi autoría con propósitos didácticos, aclarando para todos a la vez que respondo a un lector específico que me ha dejado un comentario, en el sentido siguiente:

Solo estoy publicando guiones de cuentos radiales míos debido a que mi objetivo es publicar tanto su texto como el dramatizado ya grabado de manera profesional. Además, está el respeto al derecho de autor. En el caso de que otro guionista me enviara ambos archivos, yo también los publicaría en mis blogs literarios.

Paso ahora a la evaluación de mi cuento radial El siempre alegre Marcel.

Respetando las reglas del dramatizado radial, me planteaba la incidencia que podrían tener la envidia y el resentimiento de un individuo que llega a incomodarse tanto frente a la bondad ajena que es capaz de atentar contra la vida de alguien de quien incluso depende.

En este caso, me propuse exponer cómo la ingenuidad extrema y la alegría constante pueden provocar una respuesta violenta en personas resentidas y envidiosas.

 

 

 

 

MIS INTENCIONES CREATIVAS AL CONCEBIR

El siempre alegre Marcel.

El punto de vista que asumí durante la elaboración del Esquema de trabajo fue el siguiente: SI un hombre mantiene una alegría inalterable e ingenua ante la adversidad y la agresión, ENTONCES despertará un odio mortal en aquellos que no soportan su generosidad o éxito.

 

CONTEXTO DE LA TRAMA

Como la creación literaria (también la radial y mucho más incluso que la que se publica en forma de libros) suele ser confundida con la realidad real por parte de muchas personas, incluidas las que pueden emplear el lápiz rojo de la censura, determiné realizar lo que yo llamo el enroque creativo.

Y cada vez que hablo de quienes asumen que todo lo que se publica o emite por algún medio de comunicación es una verdad objetiva en el sentido de que sucede en el mundo real en el cual nos desenvolvemos, recuerdo a una anciana fanática a escuchar las aventuras de Leonardo Moncada. Cada vez que algunos de los héroes positivos que ella admiraba quedaba en una situación comprometida un día viernes (prisionero de malos policías, asaltado por algunos delincuentes o amarrado contra un árbol, por ejemplo), último día de la semana que se radiaba la serie, la anciana cada vez que lo recordaba se echaba a llorar e invariablemente decía lo siguiente: “Pobrecito ese hombre, ahora estará sin comer hasta el lunes cuando será que Moncada lo ayude”.

Para atenuar tales dos tipos de censura (la ingenua y la propia de la maldad humana) determiné desarrollar la trama aunque la época actual, en un contexto alejado de Cuba: la ubiqué en el municipio de Terradillos y la ciudad de Salamanca, España, durante una época de crisis económica.

Lo que me propuse dramatizar apoyándome en los personajes seleccionados fue lo siguiente: cómo Marcel, un dramaturgo adinerado y extremadamente alegre, intenta convencer a sus amigos Pedro y Sandra para participar en un concurso teatral en Salamanca. A pesar de que Marcel mantiene económicamente a la pareja, Pedro siente un odio profundo hacia él, motivado por la envidia y el físico de Marcel. Tras una broma de éste sobre una supuesta traición amorosa durante una noche de borrachera, los celos enfermizos de Pedro se disparan. Sandra intenta mediar y alertar a Marcel, quien en su infinita ingenuidad y carácter caritativo con ellos, no cree que su mejor amigo sea capaz de hacerle daño. Finalmente, Pedro confronta a Marcel en su casa y es donde tiene lugar el desenlace.

 

 





 
 
 

Función actancial de cada personaje

En esta oportunidad quise recurrir al mínimo de personajes posibles, algo que algunos creadores radiales rechazan pues según ellos emplear voces repetitivas suele aburrir al radioyente. Sin embargo, yo siempre me he dicho que lo que aburre al oyente es la monotonía, la falta de acción dramática, y no la escasez de personajes que aportan como consecuencia pocas voces. Y como los radiales dramatizados (al igual que todos los programas de radio habituales) tienen un tiempo limitado y obligatorio en dependencia de su ficha técnica y siempre el tiempo es escaso para lo que pudiera contarse, nunca habrá el peligro del aburrimiento si se manejan las escenas con la astucia de siempre mantener el recurso de la intriga pendiente del hilo narrativo.

Los personajes fueron tres exclusivamente:

1 MARCEL:

Un hombre robusto, extremadamente optimista, generoso e ingenuo. Su rasgo principal es una risa constante con la que reacciona incluso ante insultos o desgracias, lo que lo hace incapaz de percibir el peligro real o la maldad en los demás.

2 SANDRA:

Actriz ambiciosa y pragmática que actúa como mediadora entre la generosidad de Marcel y el odio de Pedro. Es cariñosa con su pareja, pero reconoce en Marcel a su protector económico y trata de advertirlo contra la violencia de Pedro.

3 PEDRO:

Físicamente pequeño, colérico, envidioso y profundamente resentido. Su odio contra Marcel es irracional y se manifiesta a través de insultos constantes y celos patológicos, culminando en una naturaleza criminal cuando se siente herido en su orgullo.

 

Desarrollo del argumento por escenas

Escena 1:

Presentación de Marcel como un dramaturgo alegre que va caminando por Terradillos, cerca de Salamanca, ideando planes para triunfar en el teatro. A pesar de su optimismo, reconoce que necesita la colaboración de sus amigos Pedro y Sandra para inscribirse en un concurso, llegando finalmente a la puerta de su apartamento. Hasta ese instante, poco conocemos de estos amigos de Marcel.



Escena 2:

Marcel entra al apartamento de Pedro y Sandra, recibiendo burlas e insultos por parte de Pedro debido a su apariencia física, lo que toma el burlado con buen humor. Marcel propone participar en un certamen en el Gran Teatro de Salamanca con su obra sobre un triángulo amoroso, ofreciendo un premio económico atractivo. Sandra se entusiasma, pero Pedro reacciona con violencia y desprecio contra Marcel.

Escena 3:

Cuando Marcel se retira del apartamento de matrimonio, Sandra recrimina a Pedro su actitud hostil hacia el hombre que paga su renta y sueldos. Pedro confiesa su odio visceral por la suerte y la alegría de Marcel. Sandra lo convence de participar en la obra apelando a la necesidad económica por la que atraviesan, recalcando la generosidad de Marcel.

Escena 4:

Sandra visita a Marcel en su chalet para confirmar que participarán como actores de su pieza teatral, condicionando la participación a un pago adelantado de cinco mil euros con el objetivo de calmar a Pedro en su actitud contenciosa. Marcel acepta de inmediato, demostrando su desprendimiento por el dinero a la vez que el deseo de éxito profesional. Sandra le advierte sobre el odio de Pedro, pero Marcel lo desestima por la larga amistad que sostienen.

Escena 5:

Marcel y Pedro comparten unas copas en un bar durante el periodo de ensayos. Marcel, de forma ingenua y bromista, sugiere que si se lo propusiera, Sandra podría dejar a Pedro por él. Pedro reacciona con violencia verbal, recordando las traiciones pasadas que ha sufrido Marcel por parte de sus parejas  y reafirmando su desprecio hacia él.

Escena 6:

De regreso a casa, Pedro, bajo los efectos del alcohol, transforma la broma de Marcel en una sospecha real de infidelidad. Convencido de que los diálogos de la obra son claves secretas entre Marcel y Sandra como amantes, Pedro jura venganza contra ambos. El resentimiento acumulado se convierte en una paranoia incontrolable que lo impulsa a la violencia.

Escena 7:

Pedro llega ebrio a casa y agrede físicamente a Sandra, acusándola de traicionarlo con Marcel. A pesar de las súplicas de Sandra y asegurarle que se encuentra equivocado, Pedro busca su escopeta de caza amenazando asesinar a los dos. Sandra logra escapar con su celular con el objetivo de advertir a Marcel sobre el inminente peligro de muerte.

Escena 8:

Sandra llama a Marcel para implorarle que huya, informándole que Pedro va hacia su casa armado aunque ella ha llamado a la Guardia Civil la que está en camino. Marcel, incapaz de tomar en serio la amenaza, se ríe de la situación y considera que todo es una exageración de su amigo. Con total ingenuidad, Marcel se dice que a nadie se le ocurre matar a un amigo.

Escena 9:

Marcel abre la puerta de su casa y recibe a Pedro con palabras de amistad, creyendo que la afirmación de Sandra en el sentido de que ha venido a matarlo, se trata de una broma de Pedro. Sin mediar palabra, Pedro le dispara dos veces, hiriéndolo de muerte. La obra finaliza con Marcel herido de muerte asegurando ser amigo de Pedro, mientras Pedro afirma que nunca fue su amigo.

El siempre alegre Marcel

https://drive.google.com/file/d/17IgTtOC6lYjEYy3AF38alW_of_bcMTh2/view?usp=sharing

 

 

 

 

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Acerca de  Fiesta con Havana Club

Puede leer el libro completo accediendo a:

https://www.amazon.com/-/es/Fiesta-Havana-Spanish-Andr%C3%A9s-Casanova/dp/8417283773

Fiesta con Havana Club, Editorial Amarante, Salamanca, España, 2011

Fiesta con Havana Club (Spanish Edition) Tapa blanda – 23 Noviembre 2017 –Editorial Guantanamera

Edición en Español de Andrés Casanova (Autor)

Ver todos los formatos y ediciones

https://www.amazon.com/-/es/Fiesta-Havana-Spanish-Andr%C3%A9s-Casanova/dp/8417283773#

 

 

SINOPSIS

Novela de espionaje en la cual la acción nos conduce por el laberinto físico-mental de una hermosa y joven cubana, Zhenia Ortiz, que tiene por encargo ganarse la confianza del asesor principal del Ministro de Desarrollo Técnico. La acción transcurre en una Habana un tanto surrealista y futura. Intriga, acción, policías cubanos, ficción y realidad, confundiéndose en una obra que no es sólo para entretener, sino, sobre todo, para conocer algunas realidades fuera de lo común, en las que el autor emplea de manera exacerbada la regla narrativa de la verosimilitud. Cada uno de los bandos en pugna luchará por prevalecer sobre los restantes en una trama donde el lector querrá descubrir el final. Resulta un inusitado policíaco en el que no sólo actúan personas de carne y hueso, sino también seres de otra dimensión (no extraterrestres, sino del llamado plano astral) que vienen a apoyar a las fuerzas en conflicto e incluso a determinar el desenlace, en un medio como el cubano, caracterizado por el ateísmo más ortodoxo. La relación de esta novela con la realidad cubana de hoy es meramente circunstancial: podría parecerse en algo a ella, aunque no resultaría imposible que en cuanto ficción llegase a superarla.

 

 

CRITICA SOBRE EL LIBRO

FIESTA CON HAVANA CLUB, novela negra cubana

Un nuevo autor de novela negra cubana aterriza en el panorama literario español. De la mano de Editorial Amarante, Andrés Casanova nos presenta la novela “Fiesta con Havana Club”.


La novela negra cubana es conocida en España por sus dos baluartes más importantes y jóvenes: Amir Valle y Lorenzo Lunar, muy premiados y de reconocido prestigio internacional. Sin embargo, merece la pena descubrir nuevos autores de la calidad de Andrés Casanova. En los años setenta del pasado siglo en Cuba comenzó a surgir con pujanza la novela negra policíaca, y fueron autores como L. Rogelio Nogueras o Daniel Chavarría los que potenciaron y dignificaron el género. En nuestro país comenzamos a conocer el género “hecho en Cuba” a través de Leonardo Padura, que con Tusquets tiene publicados una veintena de títulos, uno de los más conocidos es “Vientos de cuaresma”, es muy famoso su detective Mario Conde. Este autor rompió el melón con una descripción realista de la sociedad cubana y dejó entrever una cierta crítica social en su obra, tal vez más acentuada en sus últimos libros donde escribe sobre el desencanto. Con el camino ya abierto surgieron los dos autores reseñados: Amir Valle, publicando con Planeta y otras, tiene desplegadas una docena de novelas disponibles al lector español. Y Lorenzo Lunar, con una decena de títulos en las editoriales Edaf y Almuzara. Aunque se podría nombrar a más autores, esta reseña no pretende ser un estudio sobre la novela negra cubana, el cual está por hacer con rigor y profundidad. Es significativo que los tres más importantes estén fotografiados en la galería de retratos del templo de la novela negra, la librería barcelonesa “Negra y criminal”, por cierto que la editorial Amarante, para la que publica Andrés Casanova, cuenta con un autor entre sus filas en la galería “Negra y Criminal”: se trata de Carlos de Tomás, del cual ya reseñamos en esta misma página su última novela negra “Café Bramante”. La última generación de autores cubanos aborda, desde el género negro, temas como la corrupción, la tortura, el narcotráfico, el contrabando, la prostitución, etc. Males que aquejan a cualquier país latinoamericano… y de otros lugares, con independencia de su color político. Lo esencial, y común denominador de los autores, es: que no explican la realidad de Cuba, simplemente la narran aprovechando el género. Escudarse en la ficción es una manera de hacer crítica social. Y no es exclusivo de ellos, algunos de los autores de la novela negra nórdica no dejan títere con cabeza, y ahora estoy recordando las palabras que dijo Juan Madrid en una entrevista concedida hace un año al periódico El Mundo: “La única literatura posible hoy en día es la negra… Nada de escritores encerrados en su torre de marfil. En este mundo no hay más que soledad, angustia, explotación, violencia. O se cuenta así o no se cuenta… Cuando te pones a escribir, lo quieras o no, la realidad se cuela por todas partes, no existe un escritor apolítico, porque su oficio es el de contar conflictos.”


La ciudad de la Habana da para mucho, y por eso no quiero dejar de mencionar que otros autores actuales (no cubanos) del género han utilizado a Cuba y en especial a La Habana como escenario de la acción de su novela y con descripciones de personajes cubanos que podríamos poner en cuarentena, pues nos obliga a pensar que por ejemplo un novelista español, me acuerdo de José Luis Muñoz con su obra “Llueve sobre la Habana”, a pesar de su buena intención, de describir la relación del fuerte sobre el débil, de meternos poéticamente en La Habana; sin embargo, no tiene “el sabor” que nos transmiten los autores cubanos.


“Fiesta con Havana Club”, de Andrés Casanova, tiene todas las características señaladas con anterioridad, y añado más: La poética de la narración y el delicioso surrealismo que nos hace sonreír a cada página. Como dice la sinopsis: “Se trata de una novela de espionaje donde la acción nos conduce por el laberinto físico-mental de una hermosa y joven cubana, Zhenia Ortiz, que tiene por encargo ganarse la confianza del asesor principal del Ministro de Desarrollo Técnico. Una novela llena de intriga y acción; con policías cubanos, políticos, comerciantes extranjeros, funcionarios corruptos, personajes del hampa, marginados, etc. Un cóctel al que no le podía faltar la santería ni los nuevos cristianos, cuyo resultado es un inaudito policíaco en el que no sólo actúan personas de carne y hueso. El autor cubano ha diseñado unos personajes, como el capitán Tony Ramírez, o su compañero Osvaldo Cantabria, que no se alejan en absoluto del estereotipo del detective clásico europeo. Andrés Casanova nos ofrece una visión distinta de La Habana, y lejos de narrar el lado más frívolo, a pesar del sentido del humor y un cierto surrealismo, crea una atmósfera alrededor de los protagonistas que por sí misma nos introduce en la historia íntima de cada uno de ellos; y afloran los sentimientos, las cargas del pasado, los prejuicios e incluso las frustraciones”. De una narración y factura impecable, la acción de “Fiesta con Havana Club” no nos deja perder ni un ápice de interés hasta terminar su lectura. Una Cuba que se mira hacia dentro, “… lo más preocupante era que estos enemigos de ahora no parecían en realidad agentes de la CIA, seres de carne y hueso, sino demonios…” Una novela continuadora y en la estética de «Tormenta tropical de verano», Novela Negra que cuajó un gran éxito tanto en cuba como en México.


De Andrés Casanova cabe destacar, que tiene escritas una docena de novelas y aunque esta es la primera que publica en España, sí fueron publicados varios libros de poesía en editoriales españolas en la década de los 90, destacando en la antología «Poesía Cubana Hoy», Editorial Grupo Cero, Madrid, 1995.

Eladio Martín (Élmar)  para Crítica de Libros.


Ficha bibliográfica: “Fiesta con Havana Club”, Primera edición, Andrés Casanova. Editorial Amarante, Salamanca 2011. (Novela negra) Formato: ebook sin DRM desde editorialamarante.es; 65.673 palabras aprox. ISBN: 978-84-939625-3-1 (Archivos de compatibilidad: ePUB y MOBI para Kindle desde la misma web).

Ficha bibliográfica: “Fiesta con Havana Club”, Segunda edición, Andrés Casanova. Editorial Guantanamera, España, 2017. (Novela negra) Formato: ebook y tapa blanda; 290 páginas; Dimensiones: 5.98 x 0.73 x 8.98 pulgadas; ISBN-10: ‎ 8417283773;  ISBN-13: ‎ 978-8417283773.

 

Disponible por el momento en:

https://www.amazon.com/-/es/Fiesta-Havana-Spanish-Andr%C3%A9s-Casanova/dp/8417283773

 

 

1

Al voltear la cabeza, la jovencita sacude unas minúsculas briznas de tejido blanco que se le han adherido a la altura de los glúteos a su vestido, de color negro, ajustado al cuerpo y que delinea una figura de delgadez armónica.

“Tengo que seducir a ese tal Miguel Eugenio Bavastre”, piensa sin ocultarse a sí misma que todo podría fracasar si no lograba causar una buena impresión al hombre cuya personalidad había estudiado durante las últimas horas. Como le había aconsejado Carmita Sandoval, debía permitir que el hombre se explayara, que de veras se ilusionara con la idea de estarla enamorando. El narcisismo era típico, según el decir de Carmita, de los carcamales que envejecen en los sillones del poder creyendo ser grandes personalidades, virtuosos, especie de reyes o más bien dioses capaces de obrar milagros. Sujetos deseantes, como los definía en términos psicoanalíticos la Sandoval.

Coloca el pie desnudo encima de la pequeña banqueta acolchada y sus ojos recorren la habitación. Los cuadros colgados de las paredes resultan de buen gusto; tres de ellos llevan la firma de Flora Fong y otro de Amelia Peláez. En la esquina más lejana hay un altar y encima de él un becerro de oro flanqueado por cuatro lámparas votivas. El color púrpura de la alfombra contrasta con el rojo de las cortinas que cubren la pared donde se halla el amplio ventanal desde el que puede ver cuando levanta la vista un mar verde azulado, quieto y sin manchas. El malecón habanero está prácticamente vacío de paseantes, si acaso alguna que otra muchacha haciendo señas con la mano a los vehículos que pasan conducidos por extranjeros. Son las llamadas ahora jineteras, sonríe la muchacha al observarlas durante breves instantes, a las que antes llamaban por el malsonante nombre de putas, no puede resistirse a evaluar el término eufemístico tal como es su costumbre.

Vuelve a concentrarse en calzarse el pie con una sandalia destalonada, y luego ajusta la media de seda contra la piel; tal parece que no ha cubierto la desnudez de sus muslos sino la ha acentuado. Huele a perfumes caros, a un licor embriagante y afrodisíaco.

“Como me explicaba la muy descarada de Carmita: debo ser capaz de suspender la certidumbre de Bavastre, hasta que se consuman sus últimos espejismos”.

Se mira al espejo una vez más. El pelo castaño, lacio y corto, le daba a primera vista un aire de muchacha terrible y ella lo sabía: era el ardid utilizado cuando debía enfrentarse a un cincuentón soltero, de finas maneras y parsimonioso en el hablar, acostumbrado a discretas experiencias con jovencitos, tal como le había descrito el español Francisco Llobregat a Bavastre. Mientras delineaba los labios con un creyón magenta, recordó la afirmación de Sandrito Rojas: cuando se trataba de cazar un hombre como Miguel Eugenio Bavastre, era preferible no emplear colores cercanos al bermellón porque esta tonalidad ahuyentaba a los homosexuales.

“Claro, yo no estoy segura de que Bavastre lo sea. Sólo empleo los datos del español; sin embargo, no pierdo nada con presentarme en facha de trasvesti. Muchos hombres de edad madura se encuentran aburridos de las mujeres y anhelan una aventura diferente”.

Apagó las lámparas y estuvo contemplando reconcentrada el becerro de oro.

—Permite una vez más mi independencia de las groseras formas materiales —dijo en un tono de ruego entrecerrando sus ojos—. Concédeme de nuevo el poder que me renuevas cada día y conviérteme en Zhenia Ortiz.

Un relámpago sólo visible para los ojos de la muchacha voló por los aires sin que llegara de ningún lugar. Las lámparas se encendieron de nuevo con el impacto de una chispa proveniente del relámpago y ella abrió los ojos. Sus labios sonreían en clara señal de haber logrado lo que se había propuesto.

Luego de salir al pequeño balcón y observar un rato el ir y venir de los vecinos descubrió a una mujer de elegante caminar. La conocía del barrio y habían sido amigas durante su niñez; por suponerle una edad se dijo que tendría treinta años. Aún no acababa de comprender por qué había venido hasta el balcón al salir del deslumbramiento que le ocasionaba la adoración matutina del becerro. Casi saliendo ya del éxtasis que la había sustraído por completo del mundo cotidiano, llegó a sus oídos como en un susurro una explicación a la duda que acababa de plantearse en el cerebro: esa muchacha sería su sirvienta.

—¡Qué misterios tiene la vida! —exclamó en voz alta—. ¡Es como si el destino me empujara hacia las mujeres!

Se encogió de hombros y después de cerrar la puerta que daba al balcón tomó de encima del televisor un cigarro Marlboro. Le dio vueltas entre los dedos como indecisa, hasta que decidió prenderlo y al absorber el humo dulzón su cara se transfiguró por completo.

“¡Este maldito vicio me domina, destruyéndome! ¡Si pudiera actuar, si pudiera sobreponerme!”, pensó aplastando con rabia el cigarro contra el cenicero y traspuso el umbral cerrando la pesada puerta de caoba con dos vueltas de una llave que guardó en la pequeña cartera colgada del hombro.

Sabía que al caminar por las calles del barrio con aquellas ropas tan estrechas y cortas despertaba la lujuria de los hombres. Disfrutaba poniendo a prueba el desarrollo que iban adquiriendo sus oídos a medida que adoraba al becerro mayor cantidad de tiempo al día; también olfateaba de una manera felina y sus ojos viajaban hasta los rincones más insospechados de las personas que no podían evitar observarla.

Escuchó detenerse la máquina cortadora de césped del hotel Nacional y al jardinero cuando exclamaba una frase soez relacionada con la hermosura de su cuerpo. Siguió de largo, parsimoniosa, y al llegar a la siguiente esquina un grupo de jovenzuelos enmudecieron al verla; unos recostados contra el muro de una elevada vivienda, otros agachados y el que a ella le agradaba sobremanera, de elevada estatura y musculoso, al frente de todos como su líder natural.

—Esa muchacha vive en uno de los apartamentos de la calle ENE —oyó que dijo el que le gustaba —. Me parece que es jinetera.

—Se llama Zhenia —murmuró un mulato de pelo lacio, el mismo que según el español Francisco Llobregat ella debía evitar. La policía lo tenía bajo control por contrabando de marihuana y ella tenía que mantenerse al margen de todo delito si pretendía que la misión encomendada no fracasara, puesto que lo habían convertido en agente encubierto.

Fue pasando lentamente, como si se exhibiera en una exposición de modas. Sabiéndose desnuda en el cerebro de aquellos jóvenes que a cualquier hora pululaban por los alrededores del hotel, sintió deseos de entregárseles a todos. Era una lástima que todavía no hubiese logrado ser por completo idéntica a Zhenia Ortiz.

Olvidando a los jóvenes, entró a la zona de los taxis en el hotel Nacional. Uno de los custodios se le acercó.

—Ah, Zhenia, no te había reconocido. Ya iba a decirte que no se permitían jineteras sin el acompañante extranjero.

—No empieces con tus bromas, Rodolfo. Necesito un taxi con toda urgencia.

—Hoy va a ser difícil. Estamos despidiendo a unos huéspedes que vinieron de diferentes países de Centroamérica y…

—¿Estamos? —lo interrumpió con sorna—. ¿Desde cuándo eres el dueño del hotel?

—No fastidies, hermosota. Te digo que hoy el asunto está malo para que puedas usar un vehículo.

—¿Acaso mis dólares no valen igual que los de los extranjeros?

—No te hagas la difícil, diablesa con cuerpo de virgencita. Bien sabes que cuando ellos necesitan los taxis…

—Basta ya de charlas —se incomodó ella—. Toma un dólar de regalo, y mándame en un taxi que vaya cerca del hotel Tritón.

A los pocos minutos, acompañaba a un extranjero achaparrado y de color cobrizo; iban en el asiento trasero del flamante taxi color frambuesa y el hombre no lograba dominar los impulsos de dirigir su mirada hacía el escote de la muchacha.

—Niña —rompió el silencio el extranjero con un dejo cantarín de su voz, disfrutando el color acanelado de los muslos de la jovencita descubiertos hasta casi su mismo nacimiento—, me dijo aquel señor, el que me habló para que te vinieras conmigo, que ibas cerca del Tritón.

—Así es —contestó ella, mientras observaba divertida que el taxista estaba tratando de ubicar el espejo retrovisor en una posición que le posibilitara contemplarla sin dificultades.

—¿Por qué no me acompañas al hotel? Pago todo lo que consumas y, además, cincuenta dólares sí te quedas conmigo hasta mañana.

Zhenia Ortiz sintió deseos irrefrenables de colocar su boca junto a la de su acompañante y cuando él pensara que iba a besarle, de un mordisco feroz quedarse con su nariz entre sus fauces.

—No soy ninguna prostituta— se defendió, en extremo recatada—. Voy a pagar la mitad del costo de mi pasaje.

Extrajo amenazante de su pequeña cartera un billete de cinco dólares. El extranjero tragó saliva.

—¿De qué lugar es usted? —volvió a la carga Zhenia.

—De Nicaragua.

—¿Y no le avergüenza ultrajar a las mujeres de un país que tanto ha ayudado al suyo?

El hombre chaparro quedó pensativo sin atreverse a contestar, mientras Zhenia aprovechaba su silencio para dedicarse a planear la manera de llegar hasta Bavastre.

 

 

2

Zhenia llega al edificio donde un cartel con letras artísticamente modeladas anuncia que allí se encuentra el Ministerio de Desarrollo Técnico. Sube despacio la escalinata y el custodio le ordena detenerse.

—¿Qué desea la compañera? —indaga el guardián, mirándola desde los pies hasta la cabeza.

—Tengo una entrevista con el jefe de despacho del Ministro. Con el señor Miguel Eugenio Bavastre.

—El compañero Miguel Eugenio Bavastre —especifica él y se mantiene en silencio, como si aguardara que ella repitiera sus palabras sustituyendo señor por compañero.

—Exacto. Me espera desde hace quince minutos —mira el reloj y después observa al hombre con ojos amenazantes.

El funcionario uniformado respira de manera entrecortada, sin poder ocultar el nerviosismo.

—Venga —balbucea invitándola a sentarse en un sillón, solícito. Él mismo toma el carné de identidad de la muchacha y camina hasta el elevado buró de la recepcionista—. Hazle el pase de entrada a la compañera —ordena.

—¿Qué mosca te ha picado? —susurra la recepcionista—. ¿Desde cuándo has sido tan educado con los visitantes?

—Déjate de bromas y llama de inmediato al compañero Bavastre. Infórmale el nombre de la compañera y verifica si de veras la tiene citada, aunque estoy seguro de que sí. Le oí comentar durante el desayuno que esperaba una nueva secretaria en sustitución de la difunta Migdalia.

—Caramba, Medina, no pierdes la costumbre de estar escuchando las conversaciones de los demás.

—¡Apúrate y ya! —exige el hombre.

A los pocos minutos Zhenia disfruta de una agradable vista al mar desde unos de los ventanales en el quinto piso. Mientras espera que Bavastre salga del despacho del Ministro, observa lo que será su espacio de trabajo durante los próximos días, algo para lo que viene preparándose desde meses antes. Le gustan los dos buroes de madera preciosa y la computadora con todos sus accesorios; se dice que el correo electrónico facilitará los planes del español Francisco Llobregat. Deteniendo la respiración y cerrando los ojos, un viejo truco aprendido entre las huestes de Llobregat en París, puede escuchar con toda claridad la conversación entre las dos mujeres que se hallan en la oficina contigua, separada de donde se encuentra ella por dos puertas abatibles de cristal. Allá también tienen dos computadoras personales y varios archivos para documentos impresos, supone. Los baños de ambas oficinas son independientes. «Podría meterme en el nuestro con el viejo sin que nadie se entere», piensa Zhenia acostumbrada a poner en su mente todo tipo de pensamiento lujurioso.

—Acércate —oye que dice la muchacha más joven.

—¿Para qué? —contesta la que hoy bien temprano ha visto desde su balcón y había adivinado que acabará siendo su sirvienta.

—Lo que voy a contarte te interesa. ¿Tú solicitaste la plaza de secretaria adjunta apenas murió Migdalia?

—Sí, ¿qué hay con eso, Chinita?

—Acércate, Juanita, por favor. No puedo arriesgarme.

Zhenia se ve obligada a reducir hasta el nivel mínimo el ritmo de la respiración, algo verdaderamente arriesgado porque corre el peligro de asfixiarse. Es la única alternativa para evitar que el sonido del aire entrando y saliendo por su propia nariz le impida escuchar con claridad. Una de las mujeres se levanta despacio moviéndose dentro de la amplia oficina de manera que ahora se encuentra más alejada de Zhenia.

—Juanita, vieja, esa tipa que acaba de llegar, la que está en el despacho de Miguel, va a ser la nueva secretaria adjunta.

—¡No puede ser! ¡La comisión de empleo todavía no se ha reunido para decidirlo!

—Por favor, no alces la voz. Pueden oírnos. Te estoy alertando. La comisión de empleo no te dará respuesta. Yo escuché ayer una conversación telefónica entre Miguel y el español Francisco Llobregat, y Francisco le dijo que hoy le enviaría a la niña más linda de la Habana, así mismo le dijo, para que la convirtiera en su secretaria.

—¡No puede ser! —gimotea Juanita—. ¡Yo conozco a esa descarada! ¡Es de mi barrio! ¡Siempre ha sido una prostituta!

—No te mandes a correr, Juanita Bordal, no te mandes a correr. Tu carácter impulsivo siempre te ha llevado al fracaso.

—No tienen motivos para negarme la plaza. Desde hace diez años estoy trabajando en este Ministerio y estoy clasificado como de absoluta confianza.

—Has tenido menos suerte que yo.

—¿Por qué, Chinita?

—He logrado conectarme con una agencia clandestina que ofrece mujeres de compañía a extranjeros. Cada vez que necesitan mis servicios, me llaman y me pagan entre setenta y cien dólares.

—Eres asquerosa.

—Soy una prostituta nocturna.

—Descarada.

—Acompaño a los extranjeros sin importarme la edad que tengan y me pagan muy bien.

—¡Eres una perra! —dice rabiosa Juanita y Zhenia supone que de inmediato se sienta en su silla, anegada en lágrimas.

Cuando Bavastre sale del despacho del Ministro, se deshace en zalemas frente a Zhenia. Ella se siente observada y a la vez se dedica a contemplar al funcionario. Sus maneras parecen las de un gran señor y la estatura es elevada; de tez muy blanca, correctamente vestido, a la muchacha acaba por parecerle un hombre muy elegante.

—Y bien, señorita —Bavastre camina hasta quedar frente a ella tomando entre las suyas la mano derecha de la joven y besándola con todo respeto—, ya puede usted considerarse mi secretaria.

Zhenia medita unos instantes, fingiendo deleitarse con el movimiento de las olas del mar. Ha averiguado el procedimiento a seguir para ingresar al Ministerio y conoce que antes debe ser investigada por el comité de protección física, departamento que luego de estudiar el caso informará los resultados a la comisión de empleo y ésta, vistos los expedientes de las solicitantes, comunicará su elección a la dirección de recursos humanos. De manera astuta, sin apresurarse, va dándole a entender a Miguel Eugenio Bavastre estar al tanto de las reglas.

—Ah, niña bellísima, cuánta hermosura la tuya —no puede refrenarse el hombre y la besa respetuosamente en la cara una y otra vez.

—Ya por favor, que me va a descomponer el peinado y a quitarme el maquillaje —le empuja ella suavemente por la cabeza y el hombre se aparta, avergonzado.

—Perdón —se excusa corriendo hacia el baño, donde abre el grifo del agua y resopla con violencia. Al salir, parece más calmado—. Niña hermosa —suspira—, cuando Francisco me enseñó tu foto, tanto me enamoré de ti que cada noche me duermo contemplándote.

—No se destruya masturbándose pensando en mí —dice sonriente Zhenia, provocativa—. Yo vengo dispuesta a convertirme en su esposa.

El hombre mayor se atraganta. No sabe si ella habla en serio.

—Sería una forma de agradecerle haber burlado los mecanismos burocráticos que tratan de impedirme trabajar con usted.

—Estoy enamorado de ti —dice solemne Bavastre, sin moverse de su sitio.

—Dígame entonces la verdad —exige Zhenia—. ¿Ya soy la secretaria adjunta?

En ese instante, entra un hombre a la oficina contigua y cuando Zhenia Ortiz lo oye hablar pierde la compostura.

—Esa voz —se pone de pie, sobresaltada, sin poder articular otras palabras que pugnan por salir de su boca.

—¿Qué hay? —indaga extrañado Miguel Eugenio, viniendo hasta ella—. ¡Te noto asustada!

—Esa voz —logra hablar al fin Zhenia— yo la conozco.

—Tranquila, hermosa —la toma entre sus brazos acariciándola con ternura—. Tranquila, niña mía.

—¿Quién es él?

—¿Quién es él? —repite alelado Bavastre en tono de duda—. Pues el mensajero Ezequiel o algo así creo que se llama.

—Quiero verlo.

—Lo llamaré —dice liberándola de sus brazos—. ¡Juanita! —alza la voz Miguel—. ¡Dígale al mensajero que entre a mi despacho!

En breves instantes, un hombre fornido, de edad similar a la de Miguel Eugenio, deja ver un agradable rostro. Cuando sus ojos y los de Zhenia se encuentran, un relámpago invisible atraviesa el espacio entre ambos. Queda enmudecida y un estremecimiento interior comienza a agitarla; sólo puede contemplar una especie de aureola que rodea al recién llegado. «Es él», piensa atemorizada. Siente cómo la angustia va creciendo dentro de ella, y por más que lo intenta no logra espantar la visión; así le ha advertido en varias oportunidades Carmita Sandoval que le sucedería cuando apareciera una persona cuya visualización trajera al plano del consciente la nostalgia por el falo, el descubrimiento real de que no era posible amar porque nunca había existido en ella el deseo por un objeto contrario.

—¿Qué le ha sucedido, jovencita? —reacciona al fin el recién llegado.

—Su nombre —balbucea Zhenia, todavía confundida por un pánico antiguo— no es Ezequiel.

—Sí —sonríe el hombre, confundido—. Me llamo Ezequiel Jonás.

Zhenia siente un placer irrefrenable que la empuja hacia él. «¡Qué deseos de pedirle perdón, de meterme en sus brazos, de declararme propiedad suya! ¡Protégeme, Reina del Cielo, de este enemigo!». Al cabo de un breve tiempo comienza a calmarse, convencida de que la angustia ha sido provocada por la puesta en juego del instrumento del goce, como sabe que hubiera explicado Carmita Sandoval de encontrarse junto a ella.

—Perdóneme, me he confundido unos instantes, quiero decir, lo confundí con un individuo que hace muchos  años  intentó violarme  —confiesa  impúdica  y  Miguel  Eugenio  crispa  los  puños—. ¡No, por favor! —advierte Zhenia al descubrir las intenciones de Bavastre—. Dije que me confundí y le pido perdón al señor Jonás. Quedé muy afectada desde aquella oportunidad, y cuando escucho una voz que se me parece a la de mi agresor, no puedo evitar la neurosis momentánea, como dice la psiquiatra que me atiende, que pasa a ser paranoia de inmediato.

Aquella declaración calma los ánimos de los dos hombres y el llamado Ezequiel Jonás se retira apenas sin despedirse. Zhenia vuelve a provocar a Miguel Eugenio Bavastre, después de encender un Marlboro y aplastarlo contra el cenicero luego de la primera fumada.

—¿Entonces, mi enamorado Miguel, ya soy su secretaria adjunta?

El aludido echa a andar con pasos cortos por toda la oficina. Debe comprenderlo: le parece haberla acunado entre sus brazos, lo que equivale según él a amarla como si fuera su propia hija.

—Déjate de hablar estupideces —dice ella burlona y a la vez autoritaria, tuteándolo con el propósito de humillarlo en su condición de asesor ministerial—. Me dijo tu amigo Francisco, que te psicoanalizas con Carmita Sandoval, así que ahórrate las explicaciones innecesarias si deseas de veras que te respete delante de los demás.

Zhenia se asombra de aquel ataque suyo tan prematuro contra Bavastre, que tenía reservado para dentro de varios días, si su entrada al Ministerio como secretaria adjunta llega a dificultarse. Es en tal caso que Llobregat y ella han planeado presionar al jefe de despacho obligándolo a recurrir a su amistad con el Ministro para lograr de éste su intervención ante la comisión de empleo. Sin embargo, se explica a sí misma, ha actuado de manera impensada por culpa del trastorno sufrido como consecuencia de haber visto una vez más en su vida la figura seductora e irresistible de Ezequiel Jonás.

—Dame dos días, amor —ruega Miguel Eugenio como si fuese un perrillo y Zhenia lo mira altiva. Respecto a él, ella es el falo, como le hubiera explicado Carmita Sandoval.

 

 

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