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DE LA LITERATURA UNIVERSAL: Memoria de mis putas tristes, ¿un título irrespetuoso?

 Memoria de mis putas tristes es protagonizada por un hombre que en la víspera de su cumpleaños número 90 decide pasar “una noche de amor loco con una adolescente virgen”. El personaje, de quien jamás conocemos el nombre, presume de haber tenido cientos de amantes aunque aclara que nunca se ha acostado con ninguna mujer sin pagarle. Esto, que parece un alarde de macho, también puede ser leído como la confesión de alguien dominado por la inseguridad. (…) Malentendida por la crítica, la novela final de García Márquez contiene valiosas reflexiones en torno a temas centrales en su obra como el papel de la memoria en la construcción de la identidad, el carácter cíclico del tiempo y la siempre compleja relación entre amor y sexo.

Vicente Alfonso, crítico literario.

URL: https://confabulario.eluniversal.com.mx/gabriel-garcia-marquez-putas-tristes/

 

Gabriel José García Márquez (Aracataca, Magdalena, 6 de marzo de 1927-Ciudad de México, 17 de abril de 2014) fue un escritor, guionista y periodista colombiano. Reconocido por sus novelas y cuentos, también escribió narrativa de no ficción, discursos, reportajes, críticas cinematográficas y memorias. Inició sus estudios de derecho en la Universidad Nacional de Colombia (carrera que dejaría inconclusa para dedicarse a la literatura), comenzando luego sus colaboraciones periodísticas en el diario El Espectador. Fue conocido como Gabo o Gabito por sus familiares y amigos. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura «por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente».

https://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Garc%C3%ADa_M%C3%A1rquez

 
 

Acerca de Memoria de mis putas tristes

El hombre se dirige al prostíbulo y Rosa le advierte que una de las chicas ha muerto y que la joven que eligió para él se había asustado demasiado y había tenido que sedarla. De igual manera el hombre entra y decide dejarla dormir un rato. Es en este momento que comienza a admirarla y le resulta imposible no enamorarse y no sentir compasión por ella. Por ello mismo decide no tener relaciones ni despertarla siquiera, únicamente duerme junto a ella y por la mañana le deja el dinero y se va. Es a partir de este momento que esta relación se vuelve rutinaria y el hombre cada día va aumentado más su amor por la joven (…).

Argonauta perdido en el tiempo, bloguero literario y reseñador.

URL: http://lasventajasdeserunreader.blogspot.com/2017/01/resena-memoria-de-mis-putas-tristes.html

 

La moral. La mala fortuna cinematográfica volvió a asediar al Nobel colombiano durante la filmación de su novela Memoria de mis putas tristes, en 2010, esta vez debido a la protesta de la periodista Lydia Cacho y la demanda de Teresa Ulloa —directora de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe— contra “quienes resulten responsables por el delito de apología de la prostitución infantil y la corrupción de menores”.

Rogelio Villarreal, periodista, escritor y editor de la revista Replicante.

URL: https://letraslibres.com/libros/memoria-de-mis-putas-tristes-el-cine-la-moral-y-la-literatura/

 

¿Puede llamarse novela a un relato de 101 páginas y con letra del catorce? Y luego el título: Memoria de mis putas tristes. ¿Qué pretendía GGM con él? ¿Poner la pica en Flandes de introducir la palabra «puta» en un título? Pero entonces era demasiado poco lo de «putas tristes», pues no es lo mismo decir de alguien que es un hijo de la puta grande, que decir que es un hijo de la gran puta. En suma, con ese título el autor sólo demostraría que quiso atreverse a lo que al final no se atrevió.

«Platero y Gabo», crítica de libros.

URL: https://www.revistadelibros.com/memoria-de-mis-putas-tristes-de-gabriel-garcia-marquez/

 

El hecho de que Gabriel García Márquez el novelista más popular -y uno de los mejores- del mundo publique ahora una nueva novela, esta Memoria de mis putas tristes, a sus casi ochenta años, tras otros diez de silencio como tal y a más de veinte de un combate tenaz contra la enfermedad y la muerte, no deja de ser una noticia de primera magnitud, por encima de cualquier otra circunstancia que -como se debe, pues es lo normal- le acompañe.

Rafael Conte, crítico literario.

URL: https://elpais.com/diario/2004/10/23/babelia/1098488368_850215.html

 

 

Acerca de Gabriel García Márquez

Junto a Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, [Gabriel José García Márquez] fue uno de los exponentes centrales del boom latinoamericano. Está considerado uno de los principales autores del realismo mágico, y su novela más conocida, Cien años de soledad, es una de las más representativas de esa corriente literaria. Se considera que a su éxito se debe que el término se aplique a la literatura surgida a partir de 1960 en América Latina. En 2007 la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española publicaron una edición popular conmemorativa de esta obra, por considerarla parte de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos.

URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Garc%C3%ADa_M%C3%A1rquez

Los abuelos son personas particulares que marcan el futuro literario de su nieto Gabriel. Su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, le cuenta al pequeño Gabriel infinidad de  historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo lleva al circo y al cine y es su cordón umbilical entre  historia y realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su abuela, le cuenta fábulas y leyendas familiares, mientras organiza la casa según los mensajes que le llegan en sueños; es la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural que se va formando en la mente de Gabriel. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida.

Victoria Monera: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. Vida, obra, estilo e importancia

URL: https://www.victoriamonera.com/gabriel-garcia-marquez-vida-obra-estilo-e-importancia/

 

Qué es Macondo sino el mapa de una ínsula delirada. La casa de la abuela que ha perdido la memoria, ganando, a cambio, el sexto sentido. Qué es Macondo sino ese lenguaje extrasensorial, la metáfora como forma de entendimiento, el vaso de agua que ocultamos bajo la cama, la ofrenda a los espíritus, el silencio ante asuntos inexplicables, demasiado graves como para explayarnos en la sinestesia de la cotidianeidad.

Todo lo que se silenciaba o se traducía al latín, todo lo que se disfrazaba, maquillaba o evadía bajo las soberbias catedrales, transfigurándose en tropos europeos, en él, se libera y asume su peso identitario, el pulso medular de un continente de peroles y ron, butifarras y moscas, piñas maduras, sancochos, acordeones, cafés cerreros sin azúcar, chocolate espeso y panelas derretidas al sol. Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados*.

En sus cuentos, novelas y ensayos se desnuda el realismo mágico, paralelo endémico, sentido de pertenencia y afinado instinto del autor colombiano y universal, para llamar las cosas cotidianas por su esencia.

Wendy Guerra: OPINIÓN | ¿Qué hace única la obra de Gabriel García Márquez?

URL:  https://cnnespanol.cnn.com/2024/04/16/opinion-que-hace-unica-la-obra-gabriel-garcia-marquez-orix

 

A diez años de su muerte, la figura del escritor colombiano Gabriel García Márquez sigue vigente. Cuando recibió el Nobel de Literatura en 1982, él manifestó que «los escritores siempre quieren seguir vivos mediante sus obras». Gabo no solo tenía razón, sino que cumplió cabalmente ese dicho, ya que sus textos siguen permeando entre la sociedad y su reciente novela En Agosto nos vemos vino a alimentar más la curiosidad y el asombro que genera su literatura.

Cuando hablamos de García Márquez, no solo nos referimos a uno de los grandes literatos a nivel mundial, sino también a un hombre que con su talento nos envolvía en historias con una atmósfera de realismo mágico donde más allá de profundizar en los personajes, incluía elementos sobrenaturales que se fusionaban en un mundo de fantasía y realidad dando como resultado una narrativa verdadera, pero rodeada de misticismo.

Pepe Herrera: Gabriel García Márquez: crónica de un legado anunciado

URL: https://unamglobal.unam.mx/global_revista/gabriel-garcia-marquez-cronica-de-un-legado-anunciado/

Nacido el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, en el departamento del Magdalena, al norte de Colombia, García Márquez creció en un entorno cargado de historias familiares, tradiciones caribeñas y relatos populares. Esa atmósfera, influenciada por la cercanía con la Sierra Nevada de Santa Marta y las narraciones de sus abuelos maternos, sería fundamental para la construcción de su universo literario.

(…) Con el paso de los años, el realismo mágico se convirtió en el sello distintivo de su obra. En sus historias, lo fantástico convive con la vida cotidiana de los pueblos latinoamericanos, creando un universo narrativo único. Además de Cien años de soledad, destacan títulos como El coronel no tiene quien le escriba (1961) y Crónica de una muerte anunciada (1981), obras que consolidaron su prestigio internacional.

Luis Cuellar: Gabriel García Márquez: el colombiano que llevó el realismo mágico al mundo

URL: https://www.radionacional.co/cultura/gabriel-garcia-marquez-vida-obra-y-legado-del-nobel-colombiano-de-literatura

 

 

Fragmentos de Memoria de mis putas tristes

 

1

(Fragmento)

El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:

-Hoy sí.

Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles. Recobró enseguida el dominio de su arte y me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas. Le insistí que no, que debía ser doncella y para esa misma noche. Ella preguntó alarmada: ¿Qué es lo que quieres probarte? Nada, le contesté, lastimado donde más me dolía, sé muy bien lo que puedo y lo que no puedo. Ella dijo impasible que los sabios lo saben todo, pero no todo: Los únicos Virgos que van quedando en el mundo son ustedes los de agosto. ¿Por qué no me lo encargaste con más tiempo? La inspiración no avisa, le dije. Pero tal vez espera, dijo ella, siempre más resabida que cualquier hombre, y me pidió aunque fueran dos días para escudriñar a fondo el mercado. Yo le repliqué en serio que en un negocio como aquél, a mi edad, cada hora es un año. Entonces no se puede, dijo ella sin la mínima duda, pero no importa, así es más emocionante, qué carajo, te llamo en una hora.

No tengo que decirlo, porque se me distingue a leguas: soy feo, tímido y anacrónico. Pero a fuerza de no querer serlo he venido a simular todo lo contrario. Hasta el sol de hoy, en que resuelvo contarme como soy por mi propia y libre voluntad, aunque sólo sea para alivio de mi conciencia. He empezado con la llamada insólita a Rosa Cabarcas, porque visto desde hoy, aquél fue el principio de una nueva vida a una edad en que la mayoría de los mortales están muertos.

Vivo en una casa colonial en la acera de sol del parque de (…)

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2

(Fragmento)

Escribo esta memoria en lo poco que queda de la biblioteca que fue de mis padres, y cuyos anaqueles están a punto de desplomarse por la paciencia de las polillas. A fin de cuentas, para lo que me falta por hacer en este mundo me bastaría con mis diccionarios de todo género, con las dos primeras series de los Episodios nacionales de don Benito Pérez Galdós, y con La montaña mágica, que me enseñó a entender los humores de mi madre desnaturalizados por la tisis.

A diferencia de los otros muebles, y de mí mismo, el mesón en que escribo parece de mejor salud con el paso del tiempo, porque lo fabricó en maderas nobles mi abuelo paterno, que fue carpintero de buques. Aunque no tenga que escribir, lo aderezo todas las mañanas con el rigor ocioso que me ha hecho perder tantos amores. Al alcance de la mano tengo mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Diccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, para favorecerme con el idioma de mi madre, que aprendí desde la cuna, y el diccionario de latín, que por ser éste la madre de las otras dos lo considero mi lengua natal.

A la izquierda del escritorio mantengo siempre las cinco fojas de papel de hilo tamaño oficio para mi nota dominical, y el cuerno con polvo de carta que prefiero a la moderna almohadilla de papel se cante. A la derecha están el calamaio y el palillero de balso liviano con la péndola de oro, pues todavía manuscribo con la letra romántica que me enseñó Florina de Dios para que no me hiciera a la caligrafía oficial de su esposo, que fue notario público y contador juramentado hasta su último aliento. Hace tiempo que se nos impuso en el periódico la orden de escribir a máquina para mejor cálculo del texto en el plomo del linotipo y mayor acierto en la armada, pero nunca me hice a este mal hábito. Seguí escribiendo a mano y transcribiendo en la máquina con un arduo picoteo de gallina, gracias al privilegio ingrato de ser el empleado más antiguo. Hoy, jubilado pero no vencido, gozo del privilegio sacro de escribir en casa, con el teléfono descolgado para que nadie me disturbe, y sin censor que aguaite lo que escribo por encima de mi hombro.

Vivo sin perros ni pájaros ni gente de servicio, salvo la fiel (…)

 

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3

(Fragmento)

¿Cómo podía llamarse? La dueña no me lo había dicho. Cuando me hablaba de ella sólo decía: la niña. Y yo lo había convertido en un nombre de pila, como la niña de los ojos o la carabela menor. Además, Rosa Cabarcas ponía a sus pupilas un nombre distinto para cada cliente. A mí me divertía adivinarlos por las caras, y desde el principio estuve seguro de que la niña tenía uno largo, como Filomena, Saturnina o Nicolasa. En ésas estaba cuando ella se dio media vuelta en la cama y quedó de espaldas a mí, y mepareció que había dejado un charco de sangre del tamaño y la forma del cuerpo. Fue un sobresalto instantáneo hasta que comprobé que era la humedad del sudor en la sábana.

Rosa Cabarcas me había aconsejado que la tratara con cautela, pues aún le duraba el susto de la primera vez. Es más: creo que la misma solemnidad del rito le había agravado el miedo y habían tenido que aumentarle la dosis de valeriana, pues dormía con tal placidez que habría sido una lástima despertarla sin arrullos. De

modo que empecé a se carla con la toalla mientras le cantaba en susurros la canción de Delgadina, la hija menor del rey, requerida de amores por su padre. A medida que la secaba ella iba mostrándome los flancos sudados al compás de mi canto: Delgadina, Delgadina, tú seras mi prenda amada. Fue un placer sin límites pues ella volvía a sudar por un costado cuando acababa de secarla por el otro, para que la canción no terminara nunca. Levántate, Delgadina, ponte tu falda de seda, le cantaba al oído. Al final, cuando los criados del rey la encontraron muerta de sed en su cama, me pareció que mi niña había estado a punto de despertar al escuchar el nombre. Así que era ella: Delgadina.

Volví a la cama con mis calzoncillos de besos estampados y me tendí junto a ella. Dormí hasta las cinco al arrullo de su respiración apacible. Me vestí a toda prisa sin lavarme, y sólo entonces vi la sentencia escrita con lápiz labial en el espejo del lavabo: El tigre no come lejos. Sé que no estaba la noche anterior y nadie podía haber entrado en el cuarto, de modo que la entendí como la cuelga del diablo. Un trueno terrorífico me sorprendió (…)

 

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4

(Fragmento)

A principios del nuevo año empezábamos a conocernos como si viviéramos juntos y despiertos, pues yo había encontrado un tono de voz cauteloso que ella oía sin despertar, y me contestaba con un lenguaje natural del cuerpo. Sus estados de ánimo se le notaban en el modo de dormir. De exhausta y montaraz que había

sido al principio, fue haciéndose a una paz interior que embellecía su rostro y enriquecía su sueño. Le contaba mi vida, le leía al oído los borradores de mis notas dominicales en las que estaba ella sin decirlo, y sólo ella.

Por esa época le dejé en la almohada unos zarcillos de esmeraldas que fueron de mi madre. Los llevó puestos en la cita siguiente y no le lucían. Le llevé después unos pendientes más adecuados para el color de su piel. Le expliqué: Los primeros que te traje no te quedaban bien por tu tipo y el corte del cabello. Estos te irán mejor. No llevó ninguno en las dos citas siguientes, pero a la tercera se puso los que le había indicado. Así empecé a entender que no obedecía a mis órdenes, pero aguardaba la ocasión para complacerme. Por esos días me sentí tan habituado a aquel género de vida doméstica, que no seguí durmiendo desnudo sino que llevé las piyamas de seda china que había dejado de usar por no tener para quién quitármelas.

Empecé a leerle El principito de Saint-Exupéry, un autor francés que el mundo entero admira más que los franceses. Fue el primero que la entretuvo sin despertarla, hasta el punto de que tuve que ir dos días continuos para acabar de leérselo. Seguimos con los Cuentos de Perrault, la Historia sagrada, Las mil y una noches en  una versión desinfectada para niños, y por las diferencias entre uno y otro me di cuenta de que su sueño tenía diversos grados de profundidad según su interés por las lecturas. Cuando sentía que había tocado fondo apagaba la luz y me dormía abrazado a ella hasta que cantaban los gallos.

Me sentía tan feliz, que la besaba en los párpados, muy suave, y una noche ocurrió como una luz en el cielo: sonrió por primera vez. Más tarde, sin ningún motivo, se revolvió en la cama, me dio la espalda, y dijo disgustada: Fue Isabel la que hizo llorar a los caracoles. Exaltado por la ilusión de un diálogo, le pregunté en el mismo tono: ¿De quién eran? No contestó. Su voz tenía un rastro plebeyo, como si no fuera suya (…)

 

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5

(Fragmento)

Leyendo Los idus de marzo encontré una frase siniestra que el autor atribuye a Julio César: Es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es. No pude comprobar su verdadero origen en la propia obra de Julio César ni en las obras de sus biógrafos, desde Suetonio hasta Carcopino, pero valió la pena conocerla. Su fatalismo aplicado al curso de mi vida en los meses siguientes fue lo que me dio la determinación que me hacía falta no sólo para escribir esta memoria, sino para empezarla sin pudores con el amor de Delgadina.

No tenía un instante de sosiego, apenas si probaba bocado y perdí tanto peso que no se me tenían los pantalones en la cintura. Los dolores erráticos se me quedaron en los huesos, cambiaba de ánimo sin razón, pasaba las noches en un estado de deslumbramiento que no me permitía leer ni escuchar música, y en cambio se me iba el día cabeceando por una somnolencia sonsa que no servía para dormir.

El alivio me cayó del cielo. En la atestada góndola de Loma Fresca una vecina de asiento que no había visto subir me susurró al oído: ¿Todavía tiras? Era Casilda Armenia, un viejo amor de a tres por cinco que me había soportado como cliente asiduo desde que era una adolescente altiva. Una vez retirada, medio enferma y sin un clavo, se había casado con un hortelano chino que le dio nombre y apoyo, y quizás un poco de amor. A los setenta y tres años tenía el peso de siempre, seguía bella y de carácter fuerte, y conservaba intacto el desparpajo del oficio.

Me llevó a su casa, una huerta de chinos en una colina de la carretera al mar. Nos sentamos en las sillas de playa de la terraza umbría, entre helechos y frondas de astromelias, y jaulas de pájaros colgadas en el alero. En la falda de la colina se veían los hortelanos chinos con sombreros de cono sembrando las hortalizas bajo el sol abrasante, y el piélago gris de las Bocas de Ceniza con los dos tajamares de rocas que canalizan el río varias leguas en el mar. Mientras conversábamos vimos entrar un trasatlántico blanco por la desembocadura y lo seguimos callados hasta oír su bramido de toro lúgubre en el puerto fluvial. Ella suspiró. ¿Te das cuenta? En más de medio siglo es la primera vez que no te recibo la visita en la cama. Ya somos otros, dije. Ella prosiguió sin oírme: Cada vez que dicen cosas de ti en el radio, que te elogian por el cariño que te tiene la gente y te llaman maestro del amor, imagínate, pienso que nadie te conoció tus gracias y tus mañas tan bien como yo. En serio, dijo, nadie hubiera podido soportarte mejor.

No resistí más. Ella lo sintió, vio mis ojos (…)

 

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descárguela del siguiente enlace:

https://scispace.com/pdf/memoria-de-mis-putas-tristes-2xw1csop1t.pdf

https://www.youtube.com/watch?v=pfKtDM4ya3M

En agosto nos vemos

descárguela del siguiente enlace:

https://www.dirzon.com/Doc/Details/telegram:Gabriel%20Garcia%20Marquez.%20En%20agosto%20nos%20vemos.pdf

 

 

 

 

Por si fuera de su interés…

…ampliar la información sobre este autor y su obra, puede entrar a los siguientes enlaces:

 

[LO QUE DICE ECURED SOBRE] Gabriel García Márquez.

URL: https://www.ecured.cu/Gabriel_Garc%C3%ADa_M%C3%A1rquez

 

 

[LO QUE DICE WIKIPEDIA SOBRE] Memoria de mis putas tristes.

URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Memoria_de_mis_putas_tristes

 

 

Gabriel García Márquez – Memoria de mis putas tristes.

Sin firma en LA BIBLIOTECA DE HERMIONES

URL: https://labibliotecadehermione.wordpress.com/2018/08/13/gabriel-garcia-marquez-memoria-de-mis-putas-tristes/

 

 

Gabriel García Márquez Memoria de mis putas tristes.

Sin firma en Biblioteca Morata de Tajuña / CLUB DE LECTURA VIRTUAL

URL: https://unkilodeplomo.wordpress.com/2021/02/06/memoria-de-mis-putas-tristes-de-gabriel-garcia-marquez/

 

 

Reseña y crítica de Memoria de mis putas tristes

Julián Bueno en  Lectura Abierta – Reseñas y análisis de libros

URL: https://www.lectura-abierta.com/resena-y-critica-de-memoria-de-mis-putas-tristes/

 

 

Reseña: «Memoria de mis putas tristes»

Ana Centellas, bloguera literaria y reseñadora.

URL: https://anacentellasg.wordpress.com/2018/03/14/resena-memoria-de-mis-putas-tristes/

 

 

Memoria de mis putas tristes

Sin firma en Enciclopedia de la literatura en México

URL: https://www.elem.mx/obra/datos/93155

 

 

Crítica de «Memoria de mis putas tristes»: tediosa memoria.

juanmamartinlopez en ActoresSinVergüenza

URL: https://actoressinverguenza.wordpress.com/2013/12/11/critica-de-memoria-de-mis-putas-tristes-tediosa-memoria/

 

 

MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES Y EL PODER LIBERADOR DE UN SUEÑO

Esperanza Granados en Revista Iberoamericana, Vol. LXXIV, Núm. 224, Julio-Septiembre 2008, 703-709

URL: https://www.liverpooluniversitypress.co.uk/doi/pdf/10.5195/reviberoamer.2008.5253

 

 

Gabriel García Márquez: Memoria de mis putas tristes

Sin firma en Un libro al día – Cada día, una nueva reseña

URL: http://unlibroaldia.blogspot.com/2014/05/gabriel-garcia-marquez-memoria-de-mis.html

 

 

Gabriel García Márquez | Memoria de mis putas tristes

Sin firma en En un rincón de mis libros

URL: https://enunrincondemislibros.wordpress.com/2018/08/02/gabriel-garcia-marquez-memoria-de-mis-putas-tristes/

 

 

Gabriel García Márquez. Biografía

Sin firma en: Biblioteca Instituto Cervantes

URL: https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/garcia_marquez_gabriel.htm

 

 

La narrativa de Gabriel García Márquez vista por Ángel Rama y la recepción de su crítica en Colombia

Paula Andrea Marín Colorado en: Estudios de Literatura Colombiana, N.° 30, enero-junio, 2012, ISSN 0123-4412, pp. 109-128

URL: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4204756.pdf

 

 

Algunos aportes de la obra de García Márquez. Los rasgos de la narrativa del escritor colombiano que enriquecieron la literatura universal.

Hernando Motato, docente investigador de la Universidad Industrial de Santander en: Centro Gabo, una iniciativa de la Fundación Gabo

URL: https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/algunos-aportes-de-la-obra-de-garcia-marquez

 

 

 

 

¿Qué es una reseña literaria?

La reseña literaria es un texto usualmente breve con una evaluación comentada de un libro u obra perteneciente a cualquier género literario. Su objetivo es mostrar los puntos más sobresalientes de la obra, y si los tiene, sus principales vacíos. Aunque la reseña literaria debe tener una perspectiva crítica, en los medios de comunicación y redes sociales se pueden encontrar reseñas literarias de todos los calibres. Algunas son (…)

Si fuera de su interés, lea el artículo completo en:

URL: https://www.lectura-abierta.com/que-es-una-resena-literaria/

 

 

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Acerca de  Fiesta con Havana Club

Puede leer el libro completo accediendo a:

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Fiesta con Havana Club, Editorial Amarante, Salamanca, España, 2011

Fiesta con Havana Club (Spanish Edition) Tapa blanda – 23 Noviembre 2017 –Editorial Guantanamera

Edición en Español de Andrés Casanova (Autor)

Ver todos los formatos y ediciones

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SINOPSIS

Novela de espionaje en la cual la acción nos conduce por el laberinto físico-mental de una hermosa y joven cubana, Zhenia Ortiz, que tiene por encargo ganarse la confianza del asesor principal del Ministro de Desarrollo Técnico. La acción transcurre en una Habana un tanto surrealista y futura. Intriga, acción, policías cubanos, ficción y realidad, confundiéndose en una obra que no es sólo para entretener, sino, sobre todo, para conocer algunas realidades fuera de lo común, en las que el autor emplea de manera exacerbada la regla narrativa de la verosimilitud. Cada uno de los bandos en pugna luchará por prevalecer sobre los restantes en una trama donde el lector querrá descubrir el final. Resulta un inusitado policiaco en el que no sólo actúan personas de carne y hueso, sino también seres de otra dimensión (no extraterrestres, sino del llamado plano astral) que vienen a apoyar a las fuerzas en conflicto e incluso a determinar el desenlace, en un medio como el cubano, caracterizado por el ateísmo más ortodoxo. La relación de esta novela con la realidad cubana de hoy es meramente circunstancial: podría parecerse en algo a ella, aunque no resultaría imposible que en cuanto ficción llegase a superarla.

 

CRITICA SOBRE EL LIBRO

FIESTA CON HAVANA CLUB, novela negra cubana

Un nuevo autor de novela negra cubana aterriza en el panorama literario español. De la mano de Editorial Amarante, Andrés Casanova nos presenta la novela “Fiesta con Havana Club”.

La novela negra cubana es conocida en España por sus dos baluartes más importantes y jóvenes: Amir Valle y Lorenzo Lunar, muy premiados y de reconocido prestigio internacional. Sin embargo, merece la pena descubrir nuevos autores de la calidad de Andrés Casanova. En los años setenta del pasado siglo en Cuba comenzó a surgir con pujanza la novela negra policiaca, y fueron autores como L. Rogelio Nogueras o Daniel Chavarría los que potenciaron y dignificaron el género. En nuestro país comenzamos a conocer el género “hecho en Cuba” a través de Leonardo Padura, que con Tusquets tiene publicados una veintena de títulos, uno de los más conocidos es “Vientos de cuaresma”, es muy famoso su detective Mario Conde. Este autor rompió el melón con una descripción realista de la sociedad cubana y dejó entrever una cierta crítica social en su obra, tal vez más acentuada en sus últimos libros donde escribe sobre el desencanto. Con el camino ya abierto surgieron los dos autores reseñados: Amir Valle, publicando con Planeta y otras, tiene desplegadas una docena de novelas disponibles al lector español. Y Lorenzo Lunar, con una decena de títulos en las editoriales Edaf y Almuzara. Aunque se podría nombrar a más autores, esta reseña no pretende ser un estudio sobre la novela negra cubana, el cual está por hacer con rigor y profundidad. Es significativo que los tres más importantes estén fotografiados en la galería de retratos del templo de la novela negra, la librería barcelonesa “Negra y criminal”, por cierto que la editorial Amarante, para la que publica Andrés Casanova, cuenta con un autor entre sus filas en la galería “Negra y Criminal”: se trata de Carlos de Tomás, del cual ya reseñamos en esta misma página su última novela negra “Café Bramante”.
La última generación de autores cubanos aborda, desde el género negro, temas como la corrupción, la tortura, el narcotráfico, el contrabando, la prostitución, etc. Males que aquejan a cualquier país latinoamericano… y de otros lugares, con independencia de su color político. Lo esencial, y común denominador de los autores, es: que no explican la realidad de Cuba, simplemente la narran aprovechando el género. Escudarse en la ficción es una manera de hacer crítica social. Y no es exclusivo de ellos, algunos de los autores de la novela negra nórdica no dejan títere con cabeza, y ahora estoy recordando las palabras que dijo Juan Madrid en una entrevista concedida hace un año al periódico El Mundo: “La única literatura posible hoy en día es la negra… Nada de escritores encerrados en su torre de marfil. En este mundo no hay más que soledad, angustia, explotación, violencia. O se cuenta así o no se cuenta… Cuando te pones a escribir, lo quieras o no, la realidad se cuela por todas partes, no existe un escritor apolítico, porque su oficio es el de contar conflictos.”

La ciudad de la Habana da para mucho, y por eso no quiero dejar de mencionar que otros autores actuales (no cubanos) del género han utilizado a Cuba y en especial a La Habana como escenario de la acción de su novela y con descripciones de personajes cubanos que podríamos poner en cuarentena, pues nos obliga a pensar que por ejemplo un novelista español, me acuerdo de José Luis Muñoz con su obra “Llueve sobre la Habana”, a pesar de su buena intención, de describir la relación del fuerte sobre el débil, de meternos poéticamente en La Habana; sin embargo, no tiene “el sabor” que nos transmiten los autores cubanos.

“Fiesta con Havana Club”,de Andrés Casanova, tiene todas las características señaladas con anterioridad, y añado más: La poética de la narración y el delicioso surrealismo que nos hace sonreír a cada página. Como dice la sinopsis: “Se trata de una novela de espionaje donde la acción nos conduce por el laberinto físico-mental de una hermosa y joven cubana, Zhenia Ortiz, que tiene por encargo ganarse la confianza del asesor principal del Ministro de Desarrollo Técnico. Una novela llena de intriga y acción; con policías cubanos, políticos, comerciantes extranjeros, funcionarios corruptos, personajes del hampa, marginados, etc. Un cóctel al que no le podía faltar la santería ni los nuevos cristianos, cuyo resultado es un inaudito policiaco en el que no sólo actúan personas de carne y hueso. El autor cubano ha diseñado unos personajes, como el capitán Tony Ramírez, o su compañero Osvaldo Cantabria, que no se alejan en absoluto del estereotipo del detective clásico europeo. Andrés Casanova nos ofrece una visión distinta de La Habana, y lejos de narrar el lado más frívolo, a pesar del sentido del humor y un cierto surrealismo, crea una atmósfera alrededor de los protagonistas que por sí misma nos introduce en la historia íntima de cada uno de ellos; y afloran los sentimientos, las cargas del pasado, los prejuicios e incluso las frustraciones”. De una narración y factura impecable, la acción de “Fiesta con Havana Club” no nos deja perder ni un ápice de interés hasta terminar su lectura. Una Cuba que se mira hacia dentro, “… lo más preocupante era que estos enemigos de ahora no parecían en realidad agentes de la CIA, seres de carne y hueso, sino demonios…” Una novela continuadora y en la estética de «Tormenta tropical de verano», Novela Negra que cuajó un gran éxito tanto en cuba como en México.

De Andrés Casanova cabe destacar, que tiene escritas una docena de novelas y aunque esta es la primera que publica en España, sí fueron publicados varios libros de poesía en editoriales españolas en la década de los 90, destacando en la antología «Poesía Cubana Hoy», Editorial Grupo Cero, Madrid, 1995.


Eladio Martín (Élmar)  para Crítica de Libros.


Ficha bibliográfica:“Fiesta con Havana Club”, Primera edición, Andrés Casanova. Editorial Amarante, Salamanca 2011. (Novela negra) Formato: ebook sin DRM desde editorialamarante.es; 65.673 palabras aprox. ISBN: 978-84-939625-3-1 (Archivos de compatibilidad: ePUB y MOBI para Kindle desde la misma web).

Ficha bibliográfica:“Fiesta con Havana Club”, Segunda edición, Andrés Casanova. Editorial Guantanamera, España, 2017. (Novela negra) Formato: ebook y tapa blanda; 290 páginas; Dimensiones: 5.98 x 0.73 x 8.98 pulgadas; ISBN-10: ‎ 8417283773;  ISBN-13: ‎ 978-8417283773.

Disponible por el momento en:

https://www.amazon.com/-/es/Fiesta-Havana-Spanish-Andr%C3%A9s-Casanova/dp/8417283773

 

1

Al voltear la cabeza, la jovencita sacude unas minúsculas briznas de tejido blanco que se le han adherido a la altura de los glúteos a su vestido, de color negro, ajustado al cuerpo y que delinea una figura de delgadez armónica.

“Tengo que seducir a ese tal Miguel Eugenio Bavastre”, piensa sin ocultarse a sí misma que todo podría fracasar si no lograba causar una buena impresión al hombre cuya personalidad había estudiado durante las últimas horas. Como le había aconsejado Carmita Sandoval, debía permitir que el hombre se explayara, que de veras se ilusionara con la idea de estarla enamorando. El narcisismo era típico, según el decir de Carmita, de los carcamales que envejecen en los sillones del poder creyendo ser grandes personalidades, virtuosos, especie de reyes o más bien dioses capaces de obrar milagros. Sujetos deseantes, como los definía en términos psicoanalíticos la Sandoval.

Coloca el pie desnudo encima de la pequeña banqueta acolchada y sus ojos recorren la habitación. Los cuadros colgados de las paredes resultan de buen gusto; tres de ellos llevan la firma de Flora Fong y otro de Amelia Peláez. En la esquina más lejana hay un altar y encima de él un becerro de oro flanqueado por cuatro lámparas votivas. El color púrpura de la alfombra contrasta con el rojo de las cortinas que cubren la pared donde se halla el amplio ventanal desde el que puede ver cuando levanta la vista un mar verde azulado, quieto y sin manchas. El malecón habanero está prácticamente vacío de paseantes, si acaso alguna que otra muchacha haciendo señas con la mano a los vehículos que pasan conducidos por extranjeros. Son las llamadas ahora jineteras, sonríe la muchacha al observarlas durante breves instantes, a las que antes llamaban por el malsonante nombre de putas, no puede resistirse a evaluar el término eufemístico tal como es su costumbre.

Vuelve a concentrarse en calzarse el pie con una sandalia destalonada, y luego ajusta la media de seda contra la piel; tal parece que no ha cubierto la desnudez de sus muslos sino la ha acentuado. Huele a perfumes caros, a un licor embriagante y afrodisíaco.

“Como me explicaba la muy descarada de Carmita: debo ser capaz de suspender la certidumbre de Bavastre, hasta que se consuman sus últimos espejismos”.

Se mira al espejo una vez más. El pelo castaño, lacio y corto, le daba a primera vista un aire de muchacha terrible y ella lo sabía: era el ardid utilizado cuando debía enfrentarse a un cincuentón soltero, de finas maneras y parsimonioso en el hablar, acostumbrado a discretas experiencias con jovencitos, tal como le había descrito el español Francisco Llobregat a Bavastre. Mientras delineaba los labios con un creyón magenta, recordó la afirmación de Sandrito Rojas: cuando se trataba de cazar un hombre como Miguel Eugenio Bavastre, era preferible no emplear colores cercanos al bermellón porque esta tonalidad ahuyentaba a los homosexuales.

“Claro, yo no estoy segura de que Bavastre lo sea. Sólo empleo los datos del español; sin embargo, no pierdo nada con presentarme en facha de trasvesti. Muchos hombres de edad madura se encuentran aburridos de las mujeres y anhelan una aventura diferente”.

Apagó las lámparas y estuvo contemplando reconcentrada el becerro de oro.

—Permite una vez más mi independencia de las groseras formas materiales —dijo en un tono de ruego entrecerrando sus ojos—. Concédeme de nuevo el poder que me renuevas cada día y conviérteme en Zhenia Ortiz.

Un relámpago sólo visible para los ojos de la muchacha voló por los aires sin que llegara de ningún lugar. Las lámparas se encendieron de nuevo con el impacto de una chispa proveniente del relámpago y ella abrió los ojos. Sus labios sonreían en clara señal de haber logrado lo que se había propuesto.

Luego de salir al pequeño balcón y observar un rato el ir y venir de los vecinos descubrió a una mujer de elegante caminar. La conocía del barrio y habían sido amigas durante su niñez; por suponerle una edad se dijo que tendría treinta años. Aún no acababa de comprender por qué había venido hasta el balcón al salir del deslumbramiento que le ocasionaba la adoración matutina del becerro. Casi saliendo ya del éxtasis que la había sustraído por completo del mundo cotidiano, llegó a sus oídos como en un susurro una explicación a la duda que acababa de plantearse en el cerebro: esa muchacha sería su sirvienta.

—¡Qué misterios tiene la vida! —exclamó en voz alta—. ¡Es como si el destino me empujara hacia las mujeres!

Se encogió de hombros y después de cerrar la puerta que daba al balcón tomó de encima del televisor un cigarro Marlboro. Le dio vueltas entre los dedos como indecisa, hasta que decidió prenderlo y al absorber el humo dulzón su cara se transfiguró por completo.

“¡Este maldito vicio me domina, destruyéndome. Si pudiera actuar, si pudiera sobreponerme!”, pensó aplastando con rabia el cigarro contra el cenicero y traspuso el umbral cerrando la pesada puerta de caoba con dos vueltas de una llave que guardó en la pequeña cartera colgada del hombro.

Sabía que al caminar por las calles del barrio con aquellas ropas tan estrechas y cortas despertaba la lujuria de los hombres. Disfrutaba poniendo a prueba el desarrollo que iban adquiriendo sus oídos a medida que adoraba al becerro mayor cantidad de tiempo al día; también olfateaba de una manera felina y sus ojos viajaban hasta los rincones más insospechados de las personas que no podían evitar observarla.

Escuchó detenerse la máquina cortadora de césped del hotel Nacional y al jardinero cuando exclamaba una frase soez relacionada con la hermosura de su cuerpo. Siguió de largo, parsimoniosa, y al llegar a la siguiente esquina un grupo de jovenzuelos enmudecieron al verla; unos recostados contra el muro de una elevada vivienda, otros agachados y el que a ella le agradaba sobremanera, de elevada estatura y musculoso, al frente de todos como su líder natural.

—Esa muchacha vive en uno de los apartamentos de la calle ENE —oyó que dijo el que le gustaba —. Me parece que es jinetera.

—Se llama Zhenia —murmuró un mulato de pelo lacio, el mismo que según el español Francisco Llobregat ella debía evitar. La policía lo tenía bajo control por contrabando de marihuana y ella tenía que mantenerse al margen de todo delito si pretendía que la misión encomendada no fracasara, puesto que lo habían convertido en agente encubierto.

Fue pasando lentamente, como si se exhibiera en una exposición de modas. Sabiéndose desnuda en el cerebro de aquellos jóvenes que a cualquier hora pululaban por los alrededores del hotel, sintió deseos de entregárseles a todos. Era una lástima que todavía no hubiese logrado ser por completo idéntica a Zhenia Ortiz.

Olvidando a los jóvenes, entró a la zona de los taxis en el hotel Nacional. Uno de los custodios se le acercó.

—Ah, Zhenia, no te había reconocido. Ya iba a decirte que no se permitían jineteras sin el acompañante extranjero.

—No empieces con tus bromas, Rodolfo. Necesito un taxi con toda urgencia.

—Hoy va a ser difícil. Estamos despidiendo a unos huéspedes que vinieron de diferentes países de Centroamérica y…

—¿Estamos? —lo interrumpió con sorna—. ¿Desde cuándo eres el dueño del hotel?

—No fastidies, hermosota. Te digo que hoy el asunto está malo para que puedas usar un vehículo.

—¿Acaso mis dólares no valen igual que los de los extranjeros?

—No te hagas la difícil, diablesa con cuerpo de virgencita. Bien sabes que cuando ellos necesitan los taxis…

—Basta ya de charlas —se incomodó ella—. Toma un dólar de regalo, y mándame en un taxi que vaya cerca del hotel Tritón.

A los pocos minutos, acompañaba a un extranjero achaparrado y de color cobrizo; iban en el asiento trasero del flamante taxi color frambuesa y el hombre no lograba dominar los impulsos de dirigir su mirada hacía el escote de la muchacha.

—Niña —rompió el silencio el extranjero con un dejo cantarín de su voz, disfrutando el color acanelado de los muslos de la jovencita descubiertos hasta casi su mismo nacimiento—, me dijo aquel señor, el que me habló para que te vinieras conmigo, que ibas cerca del Tritón.

—Así es —contestó ella, mientras observaba divertida que el taxista estaba tratando de ubicar el espejo retrovisor en una posición que le posibilitara contemplarla sin dificultades.

—¿Por qué no me acompañas al hotel? Pago todo lo que consumas y, además, cincuenta dólares sí te quedas conmigo hasta mañana.

Zhenia Ortiz sintió deseos irrefrenables de colocar su boca junto a la de su acompañante y cuando él pensara que iba a besarle, de un mordisco feroz quedarse con su nariz entre sus fauces.

—No soy ninguna prostituta— se defendió, en extremo recatada—. Voy a pagar la mitad del costo de mi pasaje.

Extrajo amenazante de su pequeña cartera un billete de cinco dólares. El extranjero tragó saliva.

—¿De qué lugar es usted? —volvió a la carga Zhenia.

—De Nicaragua.

—¿Y no le avergüenza ultrajar a las mujeres de un país que tanto ha ayudado al suyo?

El hombre chaparro quedó pensativo sin atreverse a contestar, mientras Zhenia aprovechaba su silencio para dedicarse a planear la manera de llegar hasta Bavastre.

 

2

Zhenia llega al edificio donde un cartel con letras artísticamente modeladas anuncia que allí se encuentra el Ministerio de Desarrollo Técnico. Sube despacio la escalinata y el custodio le ordena detenerse.

—¿Qué desea la compañera? —indaga el guardián, mirándola desde los pies hasta la cabeza.

—Tengo una entrevista con el jefe de despacho del Ministro. Con el señor Miguel Eugenio Bavastre.

—El compañero Miguel Eugenio Bavastre —especifica él y se mantiene en silencio, como si aguardara que ella repitiera sus palabras sustituyendo señor por compañero.

—Exacto. Me espera desde hace quince minutos —mira el reloj y después observa al hombre con ojos amenazantes.

El funcionario uniformado respira de manera entrecortada, sin poder ocultar el nerviosismo.

—Venga —balbucea invitándola a sentarse en un sillón, solícito. Él mismo toma el carné de identidad de la muchacha y camina hasta el elevado buró de la recepcionista—. Hazle el pase de entrada a la compañera —ordena.

—¿Qué mosca te ha picado? —susurra la recepcionista—. ¿Desde cuándo has sido tan educado con los visitantes?

—Déjate de bromas y llama de inmediato al compañero Bavastre. Infórmale el nombre de la compañera y verifica si de veras la tiene citada, aunque estoy seguro de que sí. Le oí comentar durante el desayuno que esperaba una nueva secretaria en sustitución de la difunta Migdalia.

—Caramba, Medina, no pierdes la costumbre de estar escuchando las conversaciones de los demás.

—¡Apúrate y ya! —exige el hombre.

A los pocos minutos Zhenia disfruta de una agradable vista al mar desde unos de los ventanales en el quinto piso. Mientras espera que Bavastre salga del despacho del Ministro, observa lo que será su espacio de trabajo durante los próximos días, algo para lo que viene preparándose desde meses antes. Le gustan los dos buroes de madera preciosa y la computadora con todos sus accesorios; se dice que el correo electrónico facilitará los planes del español Francisco Llobregat. Deteniendo la respiración y cerrando los ojos, un viejo truco aprendido entre las huestes de Llobregat en París, puede escuchar con toda claridad la conversación entre las dos mujeres que se hallan en la oficina contigua, separada de donde se encuentra ella por dos puertas abatibles de cristal. Allá también tienen dos computadoras personales y varios archivos para documentos impresos, supone. Los baños de ambas oficinas son independientes. «Podría meterme en el nuestro con el viejo sin que nadie se entere», piensa Zhenia acostumbrada a poner en su mente todo tipo de pensamiento lujurioso.

—Acércate —oye que dice la muchacha más joven.

—¿Para qué? —contesta la que hoy bien temprano ha visto desde su balcón y había adivinado que acabará siendo su sirvienta.

—Lo que voy a contarte te interesa. ¿Tú solicitaste la plaza de secretaria adjunta apenas murió Migdalia?

—Sí, ¿qué hay con eso, Chinita?

—Acércate, Juanita, por favor. No puedo arriesgarme.

Zhenia se ve obligada a reducir hasta el nivel mínimo el ritmo de la respiración, algo verdaderamente arriesgado porque corre el peligro de asfixiarse. Es la única alternativa para evitar que el sonido del aire entrando y saliendo por su propia nariz le impida escuchar con claridad. Una de las mujeres se levanta despacio moviéndose dentro de la amplia oficina de manera que ahora se encuentra más alejada de Zhenia.

—Juanita, vieja, esa tipa que acaba de llegar, la que está en el despacho de Miguel, va a ser la nueva secretaria adjunta.

—¡No puede ser! ¡La comisión de empleo todavía no se ha reunido para decidirlo!

—Por favor, no alces la voz. Pueden oírnos. Te estoy alertando. La comisión de empleo no te dará respuesta. Yo escuché ayer una conversación telefónica entre Miguel y el español Francisco Llobregat, y Francisco le dijo que hoy le enviaría a la niña más linda de la Habana, así mismo le dijo, para que la convirtiera en su secretaria.

—¡No puede ser! —gimotea Juanita—. ¡Yo conozco a esa descarada! ¡Es de mi barrio! ¡Siempre ha sido una prostituta!

—No te mandes a correr, Juanita Bordal, no te mandes a correr. Tu carácter impulsivo siempre te ha llevado al fracaso.

—No tienen motivos para negarme la plaza. Desde hace diez años estoy trabajando en este Ministerio y estoy clasificado como de absoluta confianza.

—Has tenido menos suerte que yo.

—¿Por qué, Chinita?

—He logrado conectarme con una agencia clandestina que ofrece mujeres de compañía a extranjeros. Cada vez que necesitan mis servicios, me llaman y me pagan entre setenta y cien dólares.

—Eres asquerosa.

—Soy una prostituta nocturna.

—Descarada.

—Acompaño a los extranjeros sin importarme la edad que tengan y me pagan muy bien.

—¡Eres una perra! —dice rabiosa Juanita y Zhenia supone que de inmediato se sienta en su silla, anegada en lágrimas.

Cuando Bavastre sale del despacho del Ministro, se deshace en zalemas frente a Zhenia. Ella se siente observada y a la vez se dedica a contemplar al funcionario. Sus maneras parecen las de un gran señor y la estatura es elevada; de tez muy blanca, correctamente vestido, a la muchacha acaba por parecerle un hombre muy elegante.

—Y bien, señorita —Bavastre camina hasta quedar frente a ella tomando entre las suyas la mano derecha de la joven y besándola con todo respeto—, ya puede usted considerarse mi secretaria.

Zhenia medita unos instantes, fingiendo deleitarse con el movimiento de las olas del mar. Ha averiguado el procedimiento a seguir para ingresar al Ministerio y conoce que antes debe ser investigada por el comité de protección física, departamento que luego de estudiar el caso informará los resultados a la comisión de empleo y ésta, vistos los expedientes de las solicitantes, comunicará su elección a la dirección de recursos humanos. De manera astuta, sin apresurarse, va dándole a entender a Miguel Eugenio Bavastre estar al tanto de las reglas.

—Ah, niña bellísima, cuánta hermosura la tuya —no puede refrenarse el hombre y la besa respetuosamente en la cara una y otra vez.

—Ya por favor, que me va a descomponer el peinado y a quitarme el maquillaje —le empuja ella suavemente por la cabeza y el hombre se aparta, avergonzado.

—Perdón —se excusa corriendo hacia el baño, donde abre el grifo del agua y resopla con violencia. Al salir, parece más calmado—. Niña hermosa —suspira—, cuando Francisco me enseñó tu foto, tanto me enamoré de ti que cada noche me duermo contemplándote.

—No se destruya masturbándose pensando en mí —dice sonriente Zhenia, provocativa—. Yo vengo dispuesta a convertirme en su esposa.

El hombre mayor se atraganta. No sabe si ella habla en serio.

—Sería una forma de agradecerle haber burlado los mecanismos burocráticos que tratan de impedirme trabajar con usted.

—Estoy enamorado de ti —dice solemne Bavastre, sin moverse de su sitio.

—Dígame entonces la verdad —exige Zhenia—. ¿Ya soy la secretaria adjunta?

En ese instante, entra un hombre a la oficina contigua y cuando Zhenia Ortiz lo oye hablar pierde la compostura.

—Esa voz —se pone de pie, sobresaltada, sin poder articular otras palabras que pugnan por salir de su boca.

—¿Qué hay? —indaga extrañado Miguel Eugenio, viniendo hasta ella—. ¡Te noto asustada!

—Esa voz —logra hablar al fin Zhenia— yo la conozco.

—Tranquila, hermosa —la toma entre sus brazos acariciándola con ternura—. Tranquila, niña mía.

—¿Quién es él?

—¿Quién es él? —repite alelado Bavastre en tono de duda—. Pues el mensajero Ezequiel o algo así creo que se llama.

—Quiero verlo.

—Lo llamaré —dice liberándola de sus brazos—. ¡Juanita! —alza la voz Miguel—. ¡Dígale al mensajero que entre a mi despacho!

En breves instantes, un hombre fornido, de edad similar a la de Miguel Eugenio, deja ver un agradable rostro. Cuando sus ojos y los de Zhenia se encuentran, un relámpago invisible atraviesa el espacio entre ambos. Queda enmudecida y un estremecimiento interior comienza a agitarla; sólo puede contemplar una especie de aureola que rodea al recién llegado. «Es él», piensa atemorizada. Siente cómo la angustia va creciendo dentro de ella, y por más que lo intenta no logra espantar la visión; así le ha advertido en varias oportunidades Carmita Sandoval que le sucedería cuando apareciera una persona cuya visualización trajera al plano del consciente la nostalgia por el falo, el descubrimiento real de que no era posible amar porque nunca había existido en ella el deseo por un objeto contrario.

—¿Qué le ha sucedido, jovencita? —reacciona al fin el recién llegado.

—Su nombre —balbucea Zhenia, todavía confundida por un pánico antiguo— no es Ezequiel.

—Sí —sonríe el hombre, confundido—. Me llamo Ezequiel Jonás.

Zhenia siente un placer irrefrenable que la empuja hacia él. «¡Qué deseos de pedirle perdón, de meterme en sus brazos, de declararme propiedad suya! ¡Protégeme, Reina del Cielo, de este enemigo!». Al cabo de un breve tiempo comienza a calmarse, convencida de que la angustia ha sido provocada por la puesta en juego del instrumento del goce, como sabe que hubiera explicado Carmita Sandoval de encontrarse junto a ella.

—Perdóneme, me he confundido unos instantes, quiero decir, lo confundí con un individuo que hace muchos  años  intentó violarme  —confiesa  impúdica  y  Miguel  Eugenio  crispa  los  puños—. ¡No, por favor! —advierte Zhenia al descubrir las intenciones de Bavastre—. Dije que me confundí y le pido perdón al señor Jonás. Quedé muy afectada desde aquella oportunidad, y cuando escucho una voz que se me parece a la de mi agresor, no puedo evitar la neurosis momentánea, como dice la psiquiatra que me atiende, que pasa a ser paranoia de inmediato.

Aquella declaración calma los ánimos de los dos hombres y el llamado Ezequiel Jonás se retira apenas sin despedirse. Zhenia vuelve a provocar a Miguel Eugenio Bavastre, después de encender un Marlboro y aplastarlo contra el cenicero luego de la primera fumada.

—¿Entonces, mi enamorado Miguel, ya soy su secretaria adjunta?

El aludido echa a andar con pasos cortos por toda la oficina. Debe comprenderlo: le parece haberla acunado entre sus brazos, lo que equivale según él a amarla como si fuera su propia hija.

—Déjate de hablar estupideces —dice ella burlona y a la vez autoritaria, tuteándolo con el propósito de humillarlo en su condición de asesor ministerial—. Me dijo tu amigo Francisco, que te psicoanalizas con Carmita Sandoval, así que ahórrate las explicaciones innecesarias si deseas de veras que te respete delante de los demás.

Zhenia se asombra de aquel ataque suyo tan prematuro contra Bavastre, que tenía reservado para dentro de varios días, si su entrada al Ministerio como secretaria adjunta llega a dificultarse. Es en tal caso que Llobregat y ella han planeado presionar al jefe de despacho obligándolo a recurrir a su amistad con el Ministro para lograr de éste su intervención ante la comisión de empleo. Sin embargo, se explica a sí misma, ha actuado de manera impensada por culpa del trastorno sufrido como consecuencia de haber visto una vez más en su vida la figura seductora e irresistible de Ezequiel Jonás.

—Dame dos días, amor —ruega Miguel Eugenio como si fuese un perrillo y Zhenia lo mira altiva. Respecto a él, ella es el falo, como le hubiera explicado Carmita Sandoval.

 

 

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